¿Está enredado el camino de las energías renovables en Colombia?

“No habrá racionamiento en Colombia, pero tenemos que seguir ahorrando”, con estas palabras, que pronunció el presidente Juan Manuel Santos después de que el susurro de un nuevo apagón quedara en el olvido, se puso en evidencia que la matriz energética del país aún tiene muchos vacíos para ser confiable. Asunto que no sólo pone en riesgo al mismo sector que la ofrece y produce, sino que deja en el limbo la misión que tiene el país para crecer sosteniblemente. La energía es indispensable para todos los objetivos que tiene la Agenda 2030 y, por esto, tener una matriz energética limpia y fuerte también es apostarles a la erradicación de la pobreza, a la producción de alimentos y a la salud de las comunidades.

Sin embargo, la forma como se produce energía está cambiando rápidamente. Los combustibles fósiles fueron el motor del desarrollo del pasado, pero no podrán serlo en el futuro. Más del 60 % de las emisiones de gases efecto invernadero que causan el cambio climático vienen de la quema de combustibles fósiles -como el gas, el petróleo y el carbón- para la producción de energía. Si no queremos causar un desajuste climático tenemos que emprender una transición hacia el uso de energías limpias. Y hacerlo es posible.

En Colombia hay mucho camino adelantado. Según la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), la energía eléctrica es mayoritariamente limpia: 70 % hidráulica, 30 % térmica y 0,6 % son fuentes energías renovables no convencionales (FNCER). Esto ha posicionado a Colombia como uno de los sistemas eléctricos ambientalmente más sostenibles del mundo, de acuerdo con el Energy Trilema Index 2015.

El problema es que poner todos los huevos en la misma canasta tiene sus riesgos. Al ser dependientes del agua, los fenómenos de variabilidad climática como El Niño o La Niña afectan el sistema por abundancia o por escasez. Durante el último fenómeno de El Niño Colombia tuvo que enfrentarse a una de sus peores sequías en la historia. Los niveles de los embalses bajaron a tal punto que el país se vio obligado a prender las centrales térmicas, aumentar sus emisiones de carbono y dejar de ser un sistema limpio. Según las proyecciones de cambio climático, estos fenómenos serán cada vez más intensos. Por eso es urgente diversificar la matriz eléctrica utilizando FNCER.

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¿Por qué aportarles a las renovables no convencionales?

Una de las principales razones por la que el país les debe meter la ficha a las FNCER, es por su enorme potencial. Los recursos que ya existen están siendo desaprovechados. Incluso, los datos demuestran que Colombia podría ser competitiva por su ventaja geográfica.

Por ejemplo, sólo en La Guajira el potencial para generar energía eólica equivale a 1,2 veces la capacidad instalada del sistema interconectado nacional, según un estudio realizado por la UPME en 2015. Situación que se repite con los 4,5 KWh/m2/d que se podrían generar a partir de la radiación solar y que están por encima del promedio mundial de 3,9 KWh KWh/m2/d. Esto sin olvidar el potencial geotérmico que tenemos para generación eléctrica: entre 1 y 2 GW, una cifra significativa en comparación con los países de mayor capacidad instalada, la cual varía entre 1,3 a 3,5 GW por país, según la Geothermal Development Association.

Pero además de tener esta ventaja a nivel mundial, instalar las no convencionales también representa un mayor compromiso con lo acordado en la Cumbre de Cambio Climático (COP21). A pesar de que la energía en Colombia es relativamente limpia, frente a la escasez de agua las hidroeléctricas se reparten la producción de energía eléctrica a un 50-50 con las térmicas. “Si necesitamos prender carbón para completar la energía que no tenemos, estamos siendo inconsistentes ambientalmente. Entonces en estos escenarios lo ideal sería compensar con las FNCER, que no emiten casi gases efecto invernadero”, afirma Alejandro Lucio Chaustre, presidente de la Asociación de Energías Renovables de Colombia (SER).

Ventaja a la que se suman dos beneficio más: la complementariedad que se está evaluando entre el viento y el agua en Colombia, ya que justo en los períodos de sequía es cuando mayor aprovechamiento de la energía eólica se puede obtener. Y que las plantas de energías renovables pueden llegar más fácil a las zonas no interconectadas del país, déficit que según la UPME representa aproximadamente a 470.000 viviendas.

¿En qué se ha avanzado?

Aunque se ha ganado poco terreno, Colombia ya dio el primer paso para impulsar energías renovables no convencionales: la Ley 1715 de 2014 busca diversificar la matriz eléctrica apuntándole a la inclusión de las renovables, pero no genera las condiciones necesarias para volverlas competitivas en el mercado. Es decir, se queda corta para impulsar una verdadera transición eléctrica.

Según explica Alejandro Lucio, este marco tiene dos ideas claves para impulsar las tecnologías de FNCER: los incentivos tributarios a quienes deseen desarrollar estos proyectos y las ventas de excedentes para proyectos de autogeneración, quienes podrán ofrecerle energía al sistema en caso de que les sobre.

A diferencia de hace cinco años, las FNCER en la actualidad son competitivas económicamente frente a las energías tradicionales, lo cual hacen que el escenario sea más favorable. De hecho, según explica Luis Fernando Rico, gerente de Isagén, empresas como esta ya están empezando a explorar nuevos proyectos energéticos. “Con energía eólica hay dos procesos en licenciamiento, uno de 20 Mw y otro de 370 Mw, mientras con geotermia estamos explorando uno en el Nevado del Ruiz de 50 Mw, que también está en licenciamiento”.

El problema, aclaran ambos, es que aunque la ley está, la política se queda corta. Mientras que a la reciente creada SER le gustaría ver una política nacional de renovables, Rico considera que falta una “política hidroeléctrica nacional que las incluya”.

¿Qué falta?

Ambos expertos concuerdan en que es necesario un método distinto al cargo por confiabilidad para incluir a las renovables no convencionales. “La expansión del sistema eléctrico colombiano se basa en una herramienta que se llama el cargo por confiabilidad, muy debatido y mediático. En este se le dan unos recursos al parque de generación para que esté disponible permanentemente, haya Niño o no. Pero ese cargo se da dependiendo de la capacidad de energía en firme que pueda entregar una planta. Con energía térmica es sencillo de ofrecer, porque depende del carbón, gas o combustible que tengas, pero con las no convencionales es diferente porque dependen de una fuente que no se puede garantizar constantemente”.

Idea que comparte Rico al aclarar que “estas energías no dan confiabilidad, por eso el modelo vigente no permite que estos proyectos tengan cierres financieros y habría que plantearse otros esquemas”.

La SER cree que para lograr la inclusión de las renovables se necesita definir una meta de cuánto sería su participación en la matriz eléctrica y replantearse si estos proyectos se deben “medir” bajo las mismas licencias ambientales. “No es lo mismo dar un licenciamiento ambiental para un proyecto con renovables que para otras tecnologías. La ANLA debe definir cuáles son esos procesos y es una discusión que hay que desenredar”.

Por su parte, el mayor miedo del gerente de Isagén es que en medio de la discusión por las FNCER, se olvide incluir a las hidroeléctricas. “El objetivo de desarrollo sostenible de energía también habla de que sea asequible. El menor costo posible para el usuario en Colombia está en los embalses, por eso hago énfasis en que se necesita una política de desarrollo de hidroelectricidad para no perder lo que hemos tenido hasta este momento.”

Fuente: http://www.elespectador.com/