La sal como almacén de energía eléctrica

Otra vez la sal. Además de ser una gran fuente desde la que se puede obtener el litio, un valioso almacén de energía eléctrica, las propiedades de la sal se las estudia desde diversos puntos de vista y para obtener objetivos similares. Siempre en el marco del almacenamiento de la energía eléctrica, actualmente existen proyectos piloto en los que gracias al uso de la sal pueden asociar y concretar diversos conceptos de energías renovables.

Como ya se hace en nuestro país, la sal ha sido utilizada desde hace décadas como una fuente directa para obtener litio, el que se trata para fabricar baterías. De mayor o menor calidad, estos almacenadotes tienen la capacidad de almacenar esta energía de forma constante, aunque no eterna, pues cada pieza tiene una vida media y un potencial de almacenamiento determinado. Hasta ahora, el principal problema para lograr su uso masivo y a gran escala, que vaya más allá de las baterías para automóviles o para artefactos eléctricos diversos, es lograr fabricar acumuladores de reducido tamaño, pero de gran rendimiento.

Por ejemplo, ya existen coches que se desplazan con baterías, pero nadie pensaría desplazar un barco o un avión únicamente con energía eléctrica, porque en el punto donde nos encontramos hoy, ello no es posible. De forma paralela, el talón de Aquiles de todas las formas de producción de energía eléctrica de forma alternativa (paneles solares, fuerza del viento, etc.) es su almacenamiento, pues casi siempre se utiliza de forma inmediata, y a menos que el impulso del viento o la radiación solar sean constantes a lo largo del tiempo (lo que es imposible), nunca se podría modificar una matriz energética clásica – como aquellas basadas en la combustión de energías fósiles, o centrales hidroeléctricas – por una matriz alternativa desde principio a fin, es decir, desde la producción hasta el almacenamiento. Pero es aquí donde la sal nuevamente entra en escena.

En Europa, y en particular en Italia y España se experimenta actualmente nuevas formas de almacenar la energía eléctrica en volúmenes lo suficientemente importantes como para ser rentables comercialmente y de forma que dichas tecnologías puedan aspirar a suministrar un servicio concreto a grandes centros urbanos, para lo cual se cuenta con la sal como herramienta primordial, de fácil acceso, barata y renovable. Efectivamente, el proyecto es fundamentalmente aplicable a los grandes centros donde la energía solar es captada por gran cantidad de espejos especiales que luego reflejan los haces luminosos hasta un punto dado, donde se calienta el agua que hará funcionar turbinas hidroeléctricas. A diferencia de los paneles fotovoltaicos, que transforman inmediatamente la luz solar en electricidad, la concentración de energía gracias a los espejos es mucho más efectiva, y sobre todo menos costosa. Pero ambas formas de tecnología dependen de la luz del día, y de otros factores ambientales. Y es aquí donde la sal entra en juego, porque si los paneles fotovoltaicos pueden producir energía eléctrica de forma instantánea, pero solamente durante el día, la recolección de energía eléctrica a través de espejos tiene la ventaja de que puede ser almacenada en forma de calor durante la noche, y continuar así impulsando a los electro generadores durante la noche.

¿Y cuál es la diferencia básica respecto al almacén de la electricidad en baterías? La diferencia radica en el hecho de que las baterías implican una producción mucho más costosa, y el litio es sólo un fragmento del volumen total de las sustancias que se encuentran asociadas a la sal. Entonces, lo que se busca lograr en los laboratorios para almacenar la energía solar en forma de calor es utilizar la sal (harto más abundante que el litio) que al calentarla se puede derretir hasta una temperatura cercana a los 600 grados. De esa forma, este calor almacenado se liberaría durante la noche para producir electricidad. Se consigue así un acumulador mucho más eficiente y potente que el agua o incluso que el propio aceite, y con un costo de obtención, producción y mantenimiento significativamente más bajo.

El futuro se abre a nuestras puertas, y se podría imaginar a regiones cálidas y golpeadas por el rudo sol, como el Chaco, como productoras de energía eléctrica, limpia, eficiente y poco o casi nada contaminantes. Todo ello gracias a la sal y a una inversión que probablemente dentro de algunos años se transforme en una realidad que coloque al país entre los pioneros de la producción eléctrica.