Energía Solar en Uruguay

Con una de las mayores instalaciones de colectores solares, la mutualista Camec de Colonia comenzó a utilizar energías renovables, en un proceso que sirve de ejemplo a otros centros asistenciales.

Hasta un acto simple, como lavarse las manos con agua caliente, tiene sus implicancias. Siguiendo las cañerías hasta el origen del calor, se puede encontrar una caldera que quema fuel oil y expele humo por una chimenea, o unos paneles que recogen el calor proveniente del sol de la mañana sobre los techos del edificio. La diferencia puede parecer sutil, pero para algunos es la única manera de comenzar un cambio en la relación del hombre con su entorno, al que se añaden beneficios económicos para el usuario y ambientales para la sociedad.

Nelson Arduin (62), ingeniero agrónomo internado en el sanatorio de la Cooperativa Asistencial Médica del Este de Colonia, (Camec) en Rosario, ve desde su cama los paneles solares recientemente instalados.

“Me llamó la atención, nunca había visto una instalación tan grande. Me parece muy bien que estén usando paneles solares, por utilizar una energía limpia y por bajar el consumo de energía en momentos de crisis, como ahora, que con la seca bajan las reservas de agua en las represas”, consideró Arduin. “Aquí son 48 paneles, pero lo bueno es que también pueden instalarse 10, o 1, para el agua caliente de una casa”, añadió.

Arduin es originario de Colonia Valdense, donde la educación ambiental está muy presente, por ejemplo en el hábito de la separación de los residuos, señaló la directora técnica de la institución, Graciela Beraza. Por eso, está acostumbrado a valorar la información sobre de dónde vienen y adónde van los recursos que utiliza. Aunque la conversación con los pacientes no suele versar sobre estos temas, varios se interesaron por la instalación de paneles solares en el centro, contó.

La mutualista tiene ahora una de las mayores instalaciones de colectores térmicos solares del país, de 150 metros cuadrados. Es difícil asegurar que sea la más grande, porque no hay registro oficial de estas instalaciones, pero probablemente lo sea, dijo Alicia Mimbacas, integrante del Centro Uruguayo de Tecnologías Apropiadas (Ceuta) y secretaria ejecutiva del grupo Mesa Solar.

El sistema es casi evidente: un circuito cerrado de agua circula por los paneles que reciben la irradiación del sol, y transmiten su calor a un intercambiador de metal, o serpentín, que a su vez lo transmite al agua de OSE, que se acumula en tanques con aislamiento térmico. Cuando el calor generado de esta forma no es suficiente, se recurre a un sistema complementario, que actualmente sigue siendo la anterior caldera que funcionaba con fuel oil. Con este sistema, la mutualista ahorró en enero un 89,50% del fuel oil que utilizaba antes de su instalación, y un 88,70% en febrero, informó Marcel Aubague, arquitecto responsable del proyecto. Este proyecto comenzó con la inquietud del doctor Aldo Linares, presidente de Camec, por calentar el agua de la piscina de su casa. Cuando consultó a Aubague, aprovechó para que éste analizara el consumo energético del consultorio.

Allí se consumían un promedio de 100 litros de fuel oil por día, para calentar 5.000 litros de agua a 60°C. La caldera y las cañerías eran viejas, y se perdía gran parte de la energía por un inadecuado aislamiento, contó Aubague. El arquitecto propuso dos soluciones: mejorar la instalación a fuel oil o cambiarse a la energía solar.

“Me metí en internet y vi que en el mundo esto ya está en auge, nos falta a nosotros”, dijo Linares, quien contó con el apoyo de la institución. Inicialmente, se pensaba instalar menos paneles, pero luego se amplió a 48, para aprovechar la oportunidad, contó.

En total, la inversión fue de US$ 30.000, más el estudio de viabilidad. El ahorro anual previsto es de unos 24.870 litros de fuel oil y 7.515 kWh de electricidad por año. Esto implica unos US$ 17.460 anuales, por lo que se prevé que en dos años la inversión esté completamente amortizada, mientras que las instalaciones tienen una perspectiva de duración de 25 años, según los cálculos estimados por Aubague.